
(Por Cristian Paladino) – El debut siempre es una frontera simbólica. Un punto de partida que no se borra, que queda marcado en la memoria del jugador y también en la historia silenciosa de los planteles formativos. En el estreno del Torneo Proyección – Apertura 2026, San Lorenzo volvió a confirmar que su semillero no solo produce futbolistas, sino historias que merecen ser contadas. En ese contexto, los nombres de Javier Arellano y Agustín Pérez se anotaron por primera vez en la planilla grande, esa que empieza a unir el recorrido juvenil con el sueño profesional.
Arellano, lateral derecho categoría 2007, llegó a Boedo en 2025 luego de formarse en Vélez Sarsfield, con raíces bien marcadas en Bahía Blanca y un primer amor futbolero en el Club Bella Vista. Nacido el 27 de abril de 2007, diestro, de temperamento fuerte y carácter competitivo, su presentación fue fiel reflejo de cómo se define: agresivo, con actitud y personalidad. Ante Rosario Central, no necesitó demasiado tiempo para hacerse notar. Mostró decisión en la marca, convicción para proyectarse y una presencia que no se negocia, esa que no siempre se enseña, pero que marca diferencias. Para un jugador que recién empieza a escribir su camino en la Reserva, dejar una grata impresión desde el primer día es un valor que trasciende los minutos.
Distinta, pero igual de significativa, fue la aparición de Agustín Pérez. Marcador central zurdo, categoría 2009, nacido el 14 de julio en el corazón de Boedo, su historia con San Lorenzo es casi una línea de tiempo paralela a su vida: llegó al club en 2015, con apenas seis años. Criado futbolísticamente en casa, su debut en el Proyección tuvo el peso simbólico de quien representa años de trabajo, paciencia y pertenencia. Sumó pocos minutos, pero los suficientes para dejar señales claras: intervenciones seguras en defensa, lectura correcta de las jugadas y una salida limpia desde el fondo, sin apuros ni estridencias. Lo suyo fue sobriedad, una cualidad que en un central joven suele ser tan valiosa como poco común.
No se trata de apresurar tiempos ni de confundir un debut con una consagración. Arellano y Pérez no están a un paso de la Primera, pero sí en una estación clave: la Reserva como puente real entre la formación y el alto rendimiento. Y en ese tránsito, cada oportunidad cuenta. El estreno ante el Canalla fue apenas el primer capítulo, pero dejó sensaciones positivas y, sobre todo, la certeza de que el Semillero Azulgrana sigue dando frutos.
El futuro no se promete, se construye. Y en la primera fecha del Torneo Proyección, San Lorenzo volvió a sembrar con identidad, trabajo y convicción. Arellano y Pérez ya dieron el primer paso. Ahora empieza el camino.



