
(Por Cristian Paladino) – Volver a casa siempre tiene un significado especial. Para José Fabián Ramírez, ese regreso tiene todavía más peso: se trata del club que lo formó como arquero, como profesional y también como persona. Nacido el 3 de febrero de 1977 en Esquina, provincia de Corrientes, el ex guardameta azulgrana transita hoy una nueva etapa en San Lorenzo, ya no debajo de los tres palos, sino desde un rol clave en la formación: entrenador de arqueros de la División Reserva y de las categorías mayores del fútbol juvenil, Cuarta, Quinta y Sexta.

Formado íntegramente en la institución, Ramírez fue parte de una camada histórica de arqueros surgidos del club, junto a nombres que dejaron huella como Sebastián Saja, Gustavo Campagnuolo y Agustín Orión. Una generación marcada por la exigencia, la competencia interna y el aprendizaje constante, con una referencia inolvidable: Agustín “Mono” Irusta, gloria azulgrana y maestro de varias generaciones de arqueros.
Tras sus primeros pasos como entrenador en Defensa y Justicia y Racing Club, hoy Ramírez vive el privilegio de trabajar en el lugar donde soñó con llegar a Primera y lo consiguió. Desde esa experiencia, busca transmitirles a los juveniles mucho más que conceptos técnicos: la fortaleza mental que exige un puesto tan expuesto como el arco.

“Es un puesto muy solitario”, resume quien conoce como pocos el peso de ponerse los guantes en un club grande. En esa definición también aparece la esencia de su mirada como formador: el arquero necesita personalidad, valentía, carácter y hasta, como él mismo lo describe con una sonrisa, “un pequeño grado de locura”. Una frase que no solo sintetiza su filosofía de trabajo, sino que también anticipa el corazón de una charla profunda sobre formación, pertenencia y el verdadero significado de defender el arco de San Lorenzo.
A continuación, la palabra de José Fabián Ramírez en una entrevista a fondo con Cristian Paladino para la ¨Revista CASLA¨ y Semillero Azulgrana.
—¿Cómo te sentís hoy trabajando en San Lorenzo, el club que te formó como arquero profesional?
—Es mi lugar, donde me formé en todos los aspectos: futbolísticos y personales. Acá generé amistades, tuve un maestro como el “Mono” Irusta, soñé con ser futbolista y pude cumplirlo. Por eso estoy feliz de estar en casa, en el club donde pasé más de 15 años. Trabajé en muchos clubes, en Infantiles, Juveniles y Primera, pero hacerlo acá no tiene precio. Estoy muy agradecido por esta oportunidad.
—¿Qué funciones cumplís hoy dentro del fútbol formativo de San Lorenzo?
—Ya es mi segundo año en el club. El año pasado trabajé con la División Reserva y las categorías mayores del fútbol juvenil: Cuarta, Quinta y Sexta. Este año estoy enfocado principalmente en Reserva, además de bajar una línea de trabajo en toda el área de arqueros del fútbol formativo.
—El arco suele ser un lugar de mucha soledad y responsabilidad. ¿Qué intentás transmitirles a los chicos más allá de lo técnico?
—Lo primero que les transmito es que el factor psicológico es fundamental. El arquero pasa de héroe a villano en una sola acción, por eso tiene que estar muy preparado mentalmente. Además, es un puesto donde muchas veces la espera para jugar se hace larga, entonces el mensaje siempre es el mismo: entrenar, perfeccionarse y estar listo para aprovechar la oportunidad cuando llegue. Es un puesto muy solitario, muy especial. Se necesita carácter, personalidad, valentía y, como digo siempre entre risas, un pequeño grado de locura.
—¿Qué tiene que tener un arquero para defender el arco de San Lorenzo?
—Primero, entender dónde está. Está defendiendo el arco de un club muy grande, con una hinchada increíble y una pasión enorme. Eso implica una responsabilidad muy grande. Hay que representar esos colores de la mejor manera.
—En tu etapa como jugador, ¿quién te dejó una marca?
—Sin dudas, el “Mono” Irusta. Fue un maestro, no solo como entrenador, sino como persona. Nos formó como arqueros, pero también nos ayudó a crecer desde lo humano, inculcando el respeto por el compañero y la importancia del grupo. En esa camada estábamos Sebastián Saja, Agustín Orión, Nereo Champagne y yo. Todos formados por él.

—Cuando ves a un arquero juvenil por primera vez, ¿qué es lo primero que mirás?
—Trato de mirar todo. El puesto requiere un combo de características: técnica, biotipo, personalidad, capacidad de aprendizaje y respuesta emocional. También es muy importante acompañarlos psicológicamente y ayudarlos a entender por qué entrenamos cada aspecto y en qué momento del juego utilizarlo.
—El error en el arquero siempre queda más expuesto. ¿Cómo trabajás esa fortaleza mental?
—Primero haciéndoles entender que están en un proceso de aprendizaje. El error forma parte del crecimiento. Lo importante es trabajar sobre eso, corregir y reducir el margen. Muchas veces, los errores también enseñan y ayudan a evolucionar.
—¿Hay alguna experiencia de tu carrera que uses como enseñanza?
—Sí, una muy clara. Cuando me fui a préstamo a Club Almagro en el 2000 por ansiedad. Ya había debutado y sentía que estaba listo, pero esa decisión me hizo perder un lugar importante. Hoy les transmito a los chicos que valoren el lugar donde están, que sepan manejar la ansiedad y que las oportunidades llegan en el momento justo, siempre y cuando uno esté preparado.
—¿Qué diferencia encontrás entre el arquero de tu época y el actual?
—Hoy el arquero cambió muchísimo. El juego moderno lo convirtió en una pieza clave en la salida y en la construcción desde el fondo. Se trabaja mucho más el juego con los pies y la interpretación táctica. De todas maneras, la prioridad sigue siendo atajar. A eso, si le sumás liderazgo y buen juego, tenés un arquero moderno.
—¿Cómo se construye la personalidad en un chico que recién empieza?
—Hablándole mucho y explicándole cuál es su rol dentro del juego. El arquero es quien mejor ve lo que pasa en la cancha, por eso tiene que tener voz de mando y transmitir confianza. Desde chicos hay que enseñarles a asumir riesgos, pero también a levantarse rápido después del error.
—Si tuvieras que definir en una frase qué significa defender el arco de San Lorenzo, ¿qué dirías?
—Es un sueño cumplido. Es defender los colores más lindos, el lugar que me dio todo: valores, amistades y sueños cumplidos. En definitiva, es defender mi casa.
FOTOS: PRENSA – SAN LORENZO



