
(Por Cristian Paladino) – San Lorenzo de Almagro atraviesa una de las etapas institucionales más alarmantes de los últimos tiempos. Deudas acumuladas, inhibiciones millonarias y una urgencia económica que condiciona cada decisión deportiva conforman un escenario que preocupa y mucho. Con un torneo a punto de comenzar y la necesidad imperiosa de incorporar futbolistas, el club se ve obligado a levantar inhibiciones contrarreloj, buscando recursos donde ya no debería hacerlo.
Una de las vías elegidas es la venta de juveniles consolidados en Primera División. Chicos formados en casa, que representan el trabajo silencioso del Fútbol Formativo, pasan a convertirse en salvavidas económicos de gestiones que nunca apostaron a un proyecto serio y sustentable. En ese contexto se concreta la transferencia de Elías Báez, lateral izquierdo categoría 2004, de gran aparición en la Primera de San Lorenzo, por una cifra cercana a los tres millones de dólares.
El monto, aunque importante en lo inmediato, se ajusta más a la desesperación que a una planificación. Porque formar juveniles no debería tener como objetivo principal tapar agujeros financieros, sino construir un equipo competitivo, generar sentido de pertenencia, lograr éxitos deportivos y, recién después, vender en valores que reflejen todo ese recorrido.
El Semillero Azulgrana debe ser una inversión estratégica, no una caja de emergencia. No tiene sentido formar jugadores para que apenas se afiancen en Primera y sean vendidos por cifras que alivian el presente pero hipotecan el futuro. San Lorenzo necesita un proyecto que entienda que el crecimiento institucional llega cuando el fútbol se ordena, se potencia y se respeta, no cuando se remata el patrimonio para pagar deudas ajenas.



