
(Por Cristian Paladino) – Bajo una lluvia torrencial, de esas que no dan respiro y convierten cada jugada en una prueba de carácter, San Lorenzo de Almagro encontró algo más que tres puntos: encontró una señal. En una tarde cargada de tensión, ante un rival exigente como Estudiantes de La Plata y en medio de un contexto futbolístico e institucional delicado, el Nuevo Gasómetro fue testigo del nacimiento de una historia que invita a ilusionarse. En el Estadio Pedro Bidegain, Lautaro Montenegro tuvo su estreno en Primera División y lo hizo con una actuación que superó cualquier expectativa previa.
Zurdo, segundo marcador central, categoría 2005, Montenegro no pareció debutante. Desde el primer contacto con la pelota transmitió una serenidad poco habitual para alguien que daba sus primeros pasos en la máxima categoría. Firme en la marca, agresivo para anticipar, claro para salir jugando desde el fondo y preciso en los envíos largos, construyó una actuación sólida de principio a fin. No se dejó condicionar por el clima, ni por el rival, ni por el peso del momento. Jugó con personalidad, con convicción, como si el escenario le resultara familiar.
El desarrollo del partido lo fue consolidando. En un trámite áspero, de mucha fricción y con un adversario preparado para exigir, Montenegro respondió siempre. Ordenado, atento, seguro. Su rendimiento fue creciendo con el correr de los minutos hasta convertirse en uno de los puntos destacados del equipo en el triunfo por 1 a 0. Una carta de presentación contundente, de esas que no pasan inadvertidas.
El cierre del encuentro ofreció una imagen tan genuina como significativa. Apenas consumado el triunfo, sus compañeros fueron a buscarlo para felicitarlo. Los abrazos se multiplicaron mientras él, visiblemente emocionado, intentaba asimilar todo lo vivido. Desde las tribunas, el reconocimiento no tardó en llegar: el hincha azulgrana, siempre atento a los suyos, valoró la entrega y la personalidad de un chico formado en casa.
Detrás de ese presente hay un recorrido construido a base de esfuerzo. Nacido el 26 de febrero de 2005 en Morón, provincia de Buenos Aires, Montenegro llegó a San Lorenzo el 2 de febrero de 2016 procedente de Argentinos Juniors, junto a otros juveniles de su categoría como León Mancini, Thiago Perugini, Facundo Gulli —hoy compañero en el plantel profesional— y Ramiro Centurión. Su arribo se dio de la mano del profesor Flavio Roca, por entonces coordinador del fútbol infantil, dentro de la estructura general encabezada por Fernando Kuyumchoglu. Desde sus primeros años mostró un compromiso marcado con las exigencias de la formación, entendiendo que el crecimiento no depende solo de las condiciones, sino del trabajo diario.
En su etapa de fútbol infantil, su rutina reflejaba esa determinación: viajaba desde Merlo, Libertad, saliendo de la escuela rumbo a Ciudad Deportiva para entrenar, combinando colectivo y tren, muchas veces comiendo en el camino y repitiendo el recorrido al regresar. Aquel sacrificio temprano fue moldeando no solo al futbolista, sino también a la persona.
El paso a juveniles implicó adaptación, aprendizaje y evolución. Y cuando la carrera presentó obstáculos, Montenegro respondió con fortaleza mental. Supo atravesar una rotura de ligamentos en la pierna izquierda y una posterior operación de meniscos en la derecha, momentos complejos que lo obligaron a detenerse, pero no a rendirse. Con el respaldo de su familia y su entorno cercano, volvió a ponerse de pie y continuó su camino con la misma convicción.
El 23 de mayo de 2024 firmó su primer contrato profesional hasta diciembre de 2026, un reconocimiento a años de dedicación sostenida. Paralelamente, su crecimiento lo llevó a integrar la Selección Argentina Sub 20 que disputó el tradicional torneo de L’Alcudia en 2024, compartiendo plantel con Teo Rodríguez Pagano y Santiago Sosa, otra experiencia que fortaleció su desarrollo competitivo.
Hoy, todo ese recorrido encuentra un punto de conexión en su debut en Primera. Porque lo que mostró Lautaro Montenegro bajo la lluvia no fue casualidad, sino la consecuencia de un proceso. En un contexto adverso, lejos de esconderse, eligió protagonizar. Y en ese gesto, en esa actuación firme, dejó en claro que no se trata solo de un estreno: se trata del comienzo de algo que, en San Lorenzo, ya empieza a generar ilusión.



